Por María Vaquero Argelés.
Las historias que nos cuenta Albert Lamorisse son sencillas en fondo y forma pero poseen una carga emocional de gran potencia que las hace inolvidables. En El globo rojo (1956) el encuentro del pequeño Pascal con el globo que da título al mediometraje se convierte en una hermosísima historia de amistad que se ve oscurecida por la incomprensión de los adultos y la crueldad de los pequeños. El globo, dotado de vida propia pero sin voz, es un personaje más que ofrece una lección magistral de defensa hacia la libertad. Es por ello que se somete a nadie, ni siquiera a su amigo; sin embargo a él sí le obedece cuando las órdenes son pertinentes. Y Pascal lo defenderá de los enemigos. De eso trata la amistad tal y como leemos en la primera acepción del DRAE: afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
De El globo rojo se pueden hacer muchas y variadas lecturas, incluyendo la política y la religiosa; sea como fuere, se trata de un bello retrato de la infancia, de la amistad en esa etapa de la vida y de la imaginación y la creatividad que se van perdiendo con el paso del tiempo.
Se puede ver en internet pero, si tienen la posibilidad de verla en pantalla grande, El globo rojo es una película que no olvidarán.

Si es cierto María, LE BALLON ROUGE es maravillosa, tierna y sencilla. Casi muda y casi en B/N revalorizando la forma de hacer cine como antes, como mucho antes... ¿Cuánto se puede contar con tan poco, verdad? Y París (y nosotros mismos) como gran testigo de esta amistad tan honesta y tan emocionate de Pascal y su globo rojo.
ResponderEliminarPor cierto el niño es el hijo de Albert Lamorisse en la vida real.